El trabajo es arduo y está plagado de obstáculos. La obra alquímica es peligrosa. Primero te encuentras con un dragón, un espíritu ctónico, un demonio o, como lo llamaron los alquimistas, "la negrura del nigredo", y este encuentro trae sufrimiento. La "materia" sufre hasta que desaparece la negrura; en términos psicológicos, el alma se busca a sí misma en las profundidades de la melancolía, enfrascada en una lucha con la sombra. El misterio de la conjunción es el misterio central en la alquimia, dirigido a la síntesis de los opuestos, la asimilación de la negrura, la integración del demonio... En el lenguaje de los alquimistas, la materia sufre hasta que el nigredo se disipa, cuando se manifiesta la Aurora (amanecer). como “cola de gallo” y se abre paso un nuevo día con leucemia o albedo. Pero en este "estado de blanco" es imposible vivir en el verdadero sentido de la palabra, este es un estado abstracto o ideal. Para revivirlo, debes darle sangre. Lo que los alquimistas llamaban rubedo debe venir, rojo. Sólo una experiencia completa del ser puede transformar este estado ideal de albedo en un modo de vida humano normal. La sangre puede revivir un estado radiante de conciencia en el que han desaparecido los últimos rastros de negrura, donde el diablo ya no lleva una existencia autónoma, sino que se reencuentra con la unidad profunda de la psique. Entonces termina el Gran Opus: el alma humana se integra...
 

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Fiebre

 la belleza de lo simple