Conveniencias - Preferencias

¿Cuál es la receta para discernir qué es lo que conviene escribir?
Probablemente, ninguna.
Es regla del buen arte brindar una percepción sorprendente.
La otra regla, que nunca conviene olvidar, es que unos nacen con talento y otros, si son muy esforzados y mañeros -y además cuentan con muy buena suerte- pueden llegar a engrupir por un rato.
Para que algunos logren hacerse pasar por buenos, siendo en rigor limitados, es imprescindible, de todos modos, la complicidad de muchos. Para explicar esta complicidad, seguramente lo más cómodo sería repetir el aserto de Frazer en el prólogo de La rama dorada acerca de que el 99% de la gente es estúpida, se insistiría en el lugar común de que los grandes artistas son incomprendidos, etc. etc.
El artista suele percibir lo que todavía no es, lo que recién germina, lo que apenas está proyectando su sombra pero que ya amenaza crecer furibundo. En principio no revela la mole; suele dar con lo que todavía no es más que un matiz, un aspecto ni siquiera retenible en estadísticas. No se trata de una mirada microscópica, sino de una capaz de percibir lo oculto, lo que todavía es casi innombrable. Por ejemplo, la enciclopedia china inventada por Borges y festejada por Foucault.
Un escritor mediocre hubiera percibido sólo un jarrón roto -lo mismo, digamos un sociólogo-; uno más avispado hubiera logrado cargar sobre el pretérito del verbo -lo "roto"- o incluso con su no-ser-más-jarrón; uno bueno da con el tris ("acaban"), da con el duende, justo antes de que el duende termine de esfumarse.

No más repeticiones agotadoras. "¿Quién es el verdadero autor?" "¿Tenemos pruebas de su autenticidad y originalidad?" "¿Qué ha revelado de su más profundo ser a través de su lenguaje?". Nuevas preguntas serán escuchadas: "¿Cuáles son los modos de existencia de este discurso?" "¿De dónde proviene? ¿Cómo se lo hace circular? ¿Quién lo controla?" "¿Qué ubicaciones están determinadas para los posibles sujetos?" "¿Quién puede cumplir estas diversas funciones del sujeto?". Detrás de todas estas preguntas escucharíamos poco más que el murmullo de indiferencia: "¿Qué importa quién está hablando?"

1 comentario:

Parcelina-Mantra dijo...

Aquí..el Antropo-duende que gusta de dormir, pulsar e intentar....bonito *

Fiebre

 la belleza de lo simple